Llevaba el mejor vestido que tenía en el armario. Lo lucía estupendamente. Era blanco, con alguna pedrería, tanto por el escote como por el borde de la falda. Llevaba su pelirrojo y ensortijado pelo totalmente suelto y algo engominado para que no se le viniera a la cara.
Mientras se divertía, sentía que lo suyo no era normal. Esos ataques de euforia que sufría eran incomprensibles para ella, pero en el fondo pensaba que podrían estar ocasionados por aquella dieta que mantuvo tan estricta hace seis meses y que le podría haber dejado alguna secuela.
Mientras tanto ella se divertía.
Teresa Ribello
