El horizonte todavía se veía muy lejano. Lisa sufría mucho cada vez que acudía a la consulta y le comunicaban que no había posibilidad de tener hijos. Era todo tan frustrante que había veces que llegaba a casa y se tiraba en el sofá llorando desconsoladamente por todo lo que estaba ocurriendo.
Todo esto también influía en su relación con su marido. No llevaban buena racha, incluso había veces que por cualquier nimiedad surgía una disputa entre los dos. Parecían minutos interminables, atacándose uno al otro por cualquier tontería.
Un día, Lisa cogió el primer tren que salía para Madrid para ver a su hermana y dejó a su marido plantado en casa. Solo dijo que iba a visitar a su hermana. Habían sido ya muchas discusiones las que habían tenido y estaba convencido que no era solo por eso.
Teresa Ribello
