Emma, mientras atendía a sus pacientes cada tarde, aprendía de cada uno de ellos que, a través de sus problemas, se podía hacer desaparecer los propios. Parecía contradictorio que una psicóloga tuviera en su mente un trauma del pasado y no pudiera resolverlo. Pero era así.
Aquel día, 26 de febrero de 1993 a las 12:17, paseando por el World Trade Center de Nueva York con su padre, se escucha una enorme explosión en los aparcamientos de la Torre Norte, situados en el subsuelo del complejo. Era un camión que transportaba 680 kilos de explosivos.
El atentado falló, pero dispararon a seis personas, que acabaron con sus vidas. Entre ellas su padre. Emma lo aconteció todo, con tan solo 25 años. Aunque tuvo valor para atenderle y estar con él, para ella todo aquello se convirtió en un trauma que no ha podido superar del todo.
Terminó sus estudios de psicología en 1987 y tiene una consulta en el centro de Nueva York. El contacto con sus pacientes, el hecho de escucharles cada día le ayuda a mermar ese recuerdo del pasado.
Pero ahí no acaba todo. Emma lleva tiempo haciéndose revisiones por un problema digestivo. Siempre ha sido muy cuidadosa con su salud y su cuerpo. En su última revisión, en la que ya se le iba a dar el alta, se le detecta un cáncer de colon.
Otro duro golpe en su vida, aunque esto lo lleva mejor. El peso de aquella nebulosa de 1993 es aún mayor.
Está casada con una persona maravillosa que conoció en un viaje a Roma. De esa relación nacieron sus dos hijas, Alexandra y María.
Teresa Ribello






