Pip dijo a Herbert, poniéndole una mano en la rodilla, que amaba a Estella.
Herbert no se asombró y le dijo de la manera más natural que le parecía perfecto y que además ya sabía que siempre la había adorado. Que había sido escogido y destinado a ella.
Herbert le preguntó a Pip que si sabía cuáles eran las ideas que tenía Estella con respecto a su adoración. Pip le contestó que ella estaba a muchas millas lejos de él. A lo que contestó Herbert que tuviera mucha paciencia, que todo llegaría.
Herbert le dijo que era un buen muchacho, atrevido, tímido, impetuoso, afortunado... Pip le dijo que era muy optimista. Este le contestó que no tenía más remedio que ser así, porque casi no poseía otra cosa.
Herbert le dijo también a Pip que tuviera cuidado con Estella, que la llevaría a la desgracia.
Teresa Ribello
(Grandes Esperanzas, Charles Dickens)






