La señorita Havisham durante la comida, no hacía más que insistir a Pip que amara a Estella, porque la adoptó para que fuese amada y la crio y educó para lo mismo. Esa era su intención. Después dio un grito tan desesperado que Pip se vio obligado a cogerla por la cintura porque parecía que se iba a caer al levantarse del sillón.
Llegó Jaggers y se fue con Pip a caminar hacia las habitaciones aisladas que había al otro lado del patio enlosado. Le preguntó a Pip cuántas veces había visto a la señorita Havisham y también le comentó que ella nunca había querido que la viese nadie comer o beber desde que llevaba esa vida. Después se fueron a comer y el señor Jaggers ocupó la presidencia.
Se convino que cuando Estella fuese a Londres se avisaría a Pip para que fuese a recibirla al bajar la diligencia. Después Pip se despidió de ella, estrechó su mano y la dejó.
Durante la noche, resonaban en los oídos de Pip las palabras de la señorita Havisham: "¡Ámala, ámala, ámala!" y él repetía a su almohada: "¡La amo, la amo, la amo!"
Teresa Ribello






