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domingo, 21 de abril de 2024

A la retaguardia

 Entre ellos, el sargento habló en nombre del rey porque necesitaba los servicios de Joe para que le arreglara unas esposas que no cerraban bien.

Joe tuvo que encender la forja. Empleó dos horas en hacer el trabajo. Todo en servicio de Su Majestad.


Joe se quedó más tranquilo, al comprender que las esposas no eran para él.

El sargento preguntó dónde quedaban los marjales. A lo que contestaron una milla.

Tenía órdenes de llegar allí antes de que anocheciera para coger a dos penados.

Joe propuso que todos acompañaran a los soldados a la caza de los acusados.

Joe se dispuso a llevar a Pip si lo aprobaba la señora Joe. Salieron el señor Wopsle, Joe y Pip a la retaguardia.


Teresa Ribello.

GG.EE., Charles Dickens

domingo, 14 de abril de 2024

EL CORTADOR DE JAMONES /// EL AGUARDIENTE SABE MAL

 El representante de piezas de jamón entró en la tienda con todos los instrumentos necesarios para hacer demostración de cómo había que cortar los jamones.

Había personas dispuestas y entusiasmadas para estudiar la lección y hincar el diente si fuese necesario, cuando llegase el momento.

La tienda enseguida se llenó de mujeres, hombres y niños.


No solo se hacía dicha demostración con el objeto de vender jamones en la propia tienda, sino también para prestar servicio como cortador de jamón profesional para bodas y eventos. Era maestro jamonero. Era asombroso ver de qué manera tan correcta cortaba el jamón aprovechando todas sus partes y todo su sabor.

En menos de una hora, el maestro terminó de cortar toda la pieza y hubo para todo el que por allí se acercó.

- Me gusta su sabor; no está demasiado salado.


Teresa Ribello.


                                                            *********


Pip había terminado de llenar la botella de aguardiente con la jarra llena de alquitrán.

El tío Pumblechook no quiso oír la palabra "alquitrán" y quiso olvidar lo sucedido, pidiendo agua caliente y ginebra, y así hacer desaparecer ese sabor tan horrible.


La hermana de Pip quiso que los comensales probaran el pastel de cerdo, regalo del señor Pumblechook.

Pip estuvo a punto de gritar en la mesa, a punto de que le oyeran todos los congregados. El caso es que Pip no estaba dispuesto a soportar aquella situación, así que echó a correr. Pero no pudo salir por la puerta porque topó enseguida con un grupo de soldados con unas esposas.

Teresa Ribello.

GG.EE., Charles Dickens.







domingo, 31 de marzo de 2024

En el silencio de la noche///Todos en la mesa

 De lejos se oía el eco de las lechuzas en la noche. Daba un poco de respeto caminar por allí, a esas horas. Además, la lluvia no remitía, aunque caía débilmente.


Al señor no le importaba caminar mojándose, entre otras cosas porque llevaba un bulto en cada brazo. No paraban de pasar coches por la angosta carretera comarcal, aunque los que conducían parece ser que no le conocían. De otra forma, alguien habría parado para ayudarle con las bolsas y acercarle al pueblo. Pero no hubo ocasión de ello. 

El hombre se quejaba de que nadie parase para ayudarle. Cada paquete que llevaba podría pesar unos tres kilos.

El pobre hombre se fijaba en las lumbres que se reflejaban en los cristales de las pequeñas casas por las que pasaba. Enseguida le venía a su cabeza lo lejos que aún quedaba su morada.

- ¿Puedo ayudarle, buen hombre? -preguntó el desconocido desde la ventanilla de su coche-.

- Se lo agradecería, señor -dijo el señor-.

- ¿De dónde viene? -dijo el conductor del automóvil-.

- Vengo del mercado. Salí tarde de casa y me ha sorprendido la noche -dijo el señor-.


 Teresa Ribello.


                                                               **********



Cuando Pip llegó a su casa, su hermana, la señora Joe le preguntó que dónde había estado. Él le contestó que había ido a escuchar cánticos de Navidad.

Joe le indicó a Pip, cruzando los dos índices, que la señora Joe estaba de mal humor, cosa que era muy normal en ella.


La comida fue magnífica. Consistió en pierna de cerdo, un par de gallos asados, pastel de carne y pudding.

La señora Joe puso nuevas cortinas blancas y quitó de todos los objetos de la sala las fundas que llevaban puestos todos los días del año.

Joe y Pip iban a la iglesia. La señora Joe, como tenía mucho trabajo iba de manera representada en ellos dos.

Hoy comerían en la casa el señor Wopsle, el sacristán de la iglesia, el señor Hubble, el carretero y su esposa y el tío Pumblechook, un rico tratante de granos.

Su hermana le dijo a Pip, en la mesa, que debía ser agradecido - ¿No lo oyes?.

El señor Pumblechook le dijo que tenía que ser agradecido con las personas que le habían criado a mano.

La señora Hubble le miró tristemente, meneando la cabeza y le dijo que de mayor no sería bueno.

El único que le ayudaba era Joe, que le daba salsa para comer.


Teresa Ribello.

GG.EE., Charles Dickens






domingo, 17 de marzo de 2024

Error de conducta///En los marjales

 Nada tenía sentido en lo que contestaba. La conversación parecía ir a ningún sitio.

- La cuestión es que no tengo adonde ir. Estoy solo -dijo Frankie-.

- ¿Es usted de aquí? -dijo el policía-.


- No. Bueno, nací aquí pero he estado viviendo la mayor parte de mi vida en Canadá.

- Y ¿por qué se vino de nuevo a este país? -preguntó el policía-.

- Quería conocer mis raíces, la familia que dejé aquí. Además, tengo compromisos de amistades que he hecho por internet. Pero ahora me doy cuenta que he cometido un gran error con venir -dijo Frankie-.

- Pues sí.

- Ignoraba que mi conducta se encontrara prohibida por la ley. Lo siento -dijo Frankie-.

- Va a tener suerte, pues en estos casos, la jurisprudencia no los incluye como delitos.

- Gracias, señor. De aquí en adelante estaré más atento a las normativas en este país. Tendré que leer mucho más a partir de ahora. Iré a casa de mi tío Paul mucho más tranquilo -dijo Frankie -.


Teresa Ribello.


                                          ***********


Había mucha humedad y niebla en los marjales. Allí lo vio de nuevo, sentado y cabeceando por el sueño. Estaba vuelto de espaldas y cuando le tocó el hombro vio que no era el mismo hombre. Tenía las mismas características, pero no era él. Después se fue corriendo entre la niebla.

Cuando llegó a la Batería encontró a su conocido. Se comió todo lo que Pip le llevó. Se lo comió todo de una vez.

Pip se fue marchando silenciosamente y dejó al hombre intentando romper el hierro de su pierna.


Teresa Ribello.

Grandes Esperanzas, Charles Dickens.



      


domingo, 3 de marzo de 2024

Su rincón favorito///Pan con manteca

En aquel rincón solo estaban ellos dos almorzando, como de costumbre, junto a la ventana que daba a la playa. El menú incluía muchas cosas, entre ellas, ensaladilla de mejillones a la pimienta. Era el plato favorito de los dos en aquel lugar. 


Todavía era invierno y el tiempo iba diciendo que llovería en cualquier momento, por los nubarrones que iban apareciendo poco a poco.

Más tarde tendrían una cita con unos amigos para ir a la inauguración del festival de teatro que se hacía anualmente en la ciudad. Acudirían, además de actores noveles, algunas estrellas ya reconocidas. Incluso, algún que otro actor y actriz retirados de la escena a los que se les tenían reservado hacer un merecido homenaje.

- Esta noche nos iremos a la cama un poco más tarde -dijo Martina-.

- Sí, todo terminará sobre la una, según me han informado. Además, incluirán un pequeño espectáculo musical -dijo Juan-.

- Vámonos dentro, que va a llover -dijo Martina-.


Teresa Ribello.


                                                     *********


La hermana de Pip tenía veinte años más que él. Le gustaba castigarle. Pip había pensado que había obligado a Joe Gargery a casarse con ella.

Joe Gargery tenía una forja al lado de su casa de madera. La hermana de Pip usaba un bastón llamado Thickler para castigarle.


- ¿Dónde has estado, mico asqueroso? -preguntó la señora Joe-. Ya es bastante desgracia ser mujer de un herrero, sin ser tampoco tu madre.

Aunque tenía hambre, pensaba que no podría comer todo el pan con manteca que su hermana le estaba untando porque debía guardar algo para el terrible desconocido del cementerio. Entonces, se guardó aquel trozo de pan con manteca en su pantalón.

Nunca le dejaban una vela para subir a dormir y pensaba que no se libraría ni de aquel terrible hombre del hierro en la pierna ni de su todopoderosa hermana.

Cogió todo lo que pudo de la despensa y salió por la puerta de la cocina que comunicaba con la fragua. También cogió una lima, de entre las herramientas de Joe y marchó a los marjales, donde se encontraría con aquel espantoso hombre.


Teresa Ribello.

Grandes Esperanzas, Charles Dickens.




domingo, 18 de febrero de 2024

Eres un cocinitas /// Muerto de miedo

 Cocinar era su pasión. A mi marido le gustaba hacer pasta todos los fines de semana. Era su especialidad. No necesitaba leer muchas recetas, visitando internet. Echaba un vistazo a la despensa o a la nevera y en un momento tenía en la cabeza lo que iba a preparar.


Tampoco necesitaba muchas cosas para realizar un plato exquisito. Eso sí, a todo plato que elaboraba le arrojaba algún tipo de condimento. Era don Especia. Amaba la cocina.

- Este fin de semana haré espaguetis a la marinera. Le pondré almejas y gambas -dijo Sergio-.

- ¿Y la salsa? -dijo Elisa-.

- Uf, la salsa lleva un montón de cosas: mejillones, calamares, vino blanco y un largo etcétera.

- No puede estar mal, aunque nunca lo he probado -dijo Elisa-.

- Lo mejor va a ser el postre.  Tarta de flan y galletas. Aunque parece muy fácil, hay que saber darle el punto -dijo Sergio-.

- Sergio, pareces un profesional.

- Casi lo soy. Si mi padre estuvo casi cuarenta años de chef en un gran restaurante, debo llevar algo en la sangre.

                                                         Teresa Ribello.


                                                 *************


Jamás conoció ni a su padre ni a su madre. Ni si quiera vio nunca una foto de ellos. Dejaron en descendencia a Pip y cinco hermanos más.

Una voz fuerte le salíó al encuentro mientras estaba en el cementerio. Era una voz monstruosa que le decía: "¡Estate quieto o te mato! ¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?" El contestó que a una milla o más desde la iglesia.


Pip estaba muy aterrorizado por la visión que tenía delante. No era para menos.

Le quitó el poco pan que tenía en los bolsillos y no comprendo cómo a un niño tan pequeño le llegó a llamar hasta sinvergüenza.

El terrible hombre le amenazó con destrozarlo si al día siguiente no le llevaba una lima y víveres. El hombre se marchó sin dejar de mirar hacia atrás, hacia el chiquillo, mientras Pip salía corriendo del lugar.

                                                        Teresa Ribello.

                                                        (Grandes Esperanzas, Charles Dickens)





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domingo, 4 de febrero de 2024

A buenas horas

 Las habitaciones estaban totalmente revueltas. Las mesas y las sillas desmontadas, con las piezas esparcidas por el suelo. Los colchones quitados de las camas, los cojines fuera de los sofás. La casa desarbolada. No estaban las joyas, ni el dinero que Pedro había guardado en una cartera, dentro de la chaqueta.


No era una zona en que hubiera robos muy habitualmente. Era una oleada reciente, sobre todo en la parte oriental de la ciudad. Se respiraba un ambiente de inseguridad total. Lo más bonito es que habían cometido el delito mientras la policía estaba haciendo un control por la ciudad. Eso sí que es inaudito. Tampoco es muy creíble que el robo se produjera sobre las seis de la tarde y que nadie se percatara de nada. Lo que sí es más posible es que el delito fuese hecho en un bajo, como realmente fue.

Ahora, después de lo ocurrido es cuando las fuerzas de seguridad se han incrementado visiblemente. A buenas horas...

                                                                    Teresa Ribello.


Un trauma del pasado

  Emma, mientras atendía a sus pacientes cada tarde, aprendía de cada uno de ellos que, a través de sus problemas, se podía hacer desaparece...