El profesor estaba en clase, en medio de la tormenta. Dijo: "Yo soy más importante para mi nación y mi pueblo. No os rebeléis contra mí". Se lanzaron y acabaron todos ahogados. En el segundo bote se salvaron. Los botes llegaban con las maderas esparcidas por todo el dolido y oscurecido mar. Algunos alumnos llegaron sin sus extremidades superiores, otros sin las inferiores. Las caras escuálidas, después de todo el gris acontecimiento. Hubo quien salió más mal parado, ciego, manco, sordo, lleno de heridas por todas partes. No hubo misericordia para ninguno. Las gaviotas acudían a aprovecharse de la
masacre. Tenían un buen lugar donde alimentarse. La luna desapareció de repente. No se veía nada. Pero ellos seguían luchando ante las inclemencias. Al cabo de un rato aparece de nuevo la luna. Se puede observar cómo hay rostros destrozados por los picotazos de aves. No se conocían unos a otros.
Teresa Ribello
