Ya en los marjales, con el frío y la nieve de fondo oyeron unos gritos. Los soldados corrían y Joe los seguía.
El sargento exclamó que allí estaban los dos fugitivos. Pip los conoció enseguida.
Los dos presos iban separados y custodiados por algunos hombres. El señor Wopsle quería regresar pero Joe quería llegar al final, así que siguieron acompañando a los soldados.
Durante el camino llegaron a una cabaña con fuego y bien iluminada. Había un guardia que preguntó "¿Quién vive? y el sargento contestó con el santo y seña.
El sargento comunicó todo lo ocurrido. El penado a quien Pip llamaba "el otro" salió para ir a bordo acompañado de su guardia.
El bote regresó para llevarse al otro penado. Las antorchas se apagaron como si todo hubiera terminado ya.
Teresa Ribello.
GG.EE., Charles Dickens.
