Estella apareció con un traje de viaje adornado con pieles y parecía más hermosa que en otras ocasiones.
Pip la vio con unas maneras más atractivas que antes y creyó que todo había sido por obra de la señorita Havisham.
Estella iba a Richmond y Pip tendría que acompañarla.
Ni Estella ni Pip harían más que obedecer las instrucciones recibidas.
Estella descansó allí, antes de salir, para tomar una taza de té. Le dijo a Pip que él cuidaría de ella. Estella apoyó el brazo en el de Pip. Pip llamó al camarero para que los llevase a un saloncito particular. Aquel sitio tenía un desagradable olor a cuadra.
Pip se sentía feliz con ella.
Estella viviría, sin reparar en gastos con una señora que tendría la posibilidad de presentarle a toda la sociedad y darle a conocer a muchas personas.
Teresa Ribello
Grandes Esperanzas, Charles Dickens
