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domingo, 22 de febrero de 2026

Mi trabajo en la calle

A lo largo de mis años como policía me ha ocurrido de todo. Mis primeros años fueron sucediendo en el departamento de denuncias, en el que tenía que atender, cada día, numerosas llamadas desde todos los puntos de la ciudad. Después me pasaron a la calle, donde con otro compañero formábamos una zeta estupenda. Para ello, utilizábamos un canguro grande en el que bastantes veces lo llenábamos de cacos y choros, con destino a los grillos.

Hubo un caso muy especial para mí, en el que topé con un narcotraficante a las afueras de la ciudad al que yo conocía desde pequeño.


A mi compañero y a mí nos tocaba patrullar esa tarde por las calles periféricas de Madrid. Era un control policial a gran escala.

Habíamos revisado ya unos quince coches, cuando me topé con Álvaro, como he dicho antes, amigo de la infancia. Su coche contenía alucinógenos, anfetaminas y barbitúricos.

- Sabes perfectamente qué te puede ocurrir con esto. Te pueden meter en los grillos muy fácilmente. ¿Cómo te metiste en este mundo?

- Cuando dejé el instituto, empecé a juntarme con personas que también estaban metidas en este mundo, muchos de  ellos eran choros y cabrones que solo querían destrozarte la vida. Hasta que lo hicieron. Yo quería seguir estudiando y tener una vida digna, pero las malas compañías me metieron por aquí. Haga como que no ha visto nada. Recuerde nuestros viejos tiempos. Quiero rehacer mi vida cuanto antes.

- Por esta vez te voy a dejar pasar, pero por favor, que no se vuelva a repetir. Te deseo lo mejor. Solo quiero que recuperes tu vida. Vuelve a estudiar, prepárate y proponte conseguir un trabajo digno. Adiós.

- Adiós, amigo. 


Teresa Ribello






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