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lunes, 26 de mayo de 2025

La casa del señor Pocket

La señora Pocket estaba leyendo, sentada debajo de un árbol. Herbert le presentó a Pip. Esta le recibió muy bien.

Cuando Flopson y Millers recogieron los niños en la casa, aparece el señor Pocket para conocer a Pip.

El señor Pocket enseñó a Pip la habitación que había destinada para él, la cual era muy agradable y estaba muy bien amueblada. También le enseñó las otras dos habitaciones, las cuales estaban ocupadas por Drummle y Startop. 


Parecía que el poder de la casa estaba en posesión de los criados. Tenían un sistema bastante agradable. Ellos parecían evitar los posibles problemas, a cambio, claro, de comer y beber bien.

El señor Pocket dio cursos en Londres a varias personas que estaban faltas de instrucción o que no tenían muchos estudios. Con lo que ganaba haciendo tales actividades podía mantener modestamente su casa.


Teresa Ribello

GG.EE., Charles Dickens



domingo, 18 de mayo de 2025

Paseo por la playa

- Amigo, no puedo expresar con palabras lo bien que lo he pasado la tarde de hoy -dijo María-.

- ¿Ha merecido la pena tu salida? -preguntó Manuel-.


- Ha sido fantástico. Además me ha quitado toda la tensión y estrés que tenía acumulada -dijo María-.

- ¿Cómo estaba el mar? -preguntó Manuel-.

- Estupendo, muy calmado, aunque tú ya sabes que me encanta ver el mar embravecido... -dijo María-. Su color no era el azul de la semana pasada. Al estar el cielo entoldado, el agua se veía gris, pero muy bonito.

- ¿Había mucha gente? -preguntó Manuel-.

- ¿Que si había gente? Abarrotada. Hoy hemos tenido 25 grados, dentro de algunos días tendremos 30 y a medida que avance el verano pasaremos de los 40, como mínimo -dijo María-.

- ¿Hiciste ejercicio? -preguntó Manuel-.

- Sí, unas cuantas flexiones, de esas que me enseñaste en el gimnasio -dijo María-.

- Muy bien -dijo Manuel-.

- Después, cuando llegó la hora de comer, como no había preparado nada en casa, ni había quedado con nadie, me metí en el restaurante de la calle Sagasta, que a ti te gusta tanto -dijo María-. Por cierto, a ver si quedamos un día de estos, después del trabajo, se come fenomenal -dijo María-.

- Hecho -dijo Manuel-.

- Me tomé un sandwich de marisco con guacamole, exquisito. Lo tienes que probar -dijo María-.

- Por supuesto.


Teresa Ribello

domingo, 11 de mayo de 2025

Distingamos

Aunque parezca que tienen el mismo significado, las palabras país, nación y Estado son cosas diferentes.

Las diferencias tienen que ver con la geografía, la cultura o la política.

Cuando hablamos de país nos estamos refiriendo a un territorio, donde las personas que viven en él comparten idioma, leyes y costumbres. Utilizamos estas palabra para nombrarlo.



La palabra nación tiene que ver con otro aspecto, como lo cultural o seña de identidad, (lengua, historia, tradiciones, etc.). Además, una nación puede estar extendida entre varios países.

Luego tenemos el Estado, con un significado político y de organización, que ejerce su autoridad en un territorio, con sus leyes correspondientes, organización policial, parlamento, instituciones judiciales, etc.

Teresa Ribello

domingo, 4 de mayo de 2025

Conociendo a Herbert

Herbert propuso a Pip cambiar a este su nombre por el de Haendel, como el músico, a lo que Pip contestó que sí.

Llegó la cena, bastante apetitosa. Haendel se sentó frente a él.


Mientras comían, Herbert le daba algunas lecciones sobre cómo comportarse en la mesa.

Herbert era un asegurador de barcos, un capitalista, en la City. Dijo que estaba dispuesto a comprar acciones de compañías de seguro sobre la vida, dedicarse a las minas y traficar con las Indias Occidentales, que era un tráfico muy interesante y se alcanzaban muy buenos beneficios. Dijo que desde la oficina hay la posibilidad de observar alrededor.

El lunes, Herbert se marchó a la oficina y Haendel le acompañó: la oficina tenía un aspecto muy triste y no tenía muy buenas vistas. Después fueron a comer a un conocido establecimiento, para luego dirigirse a la Posada de Barnard.


Teresa Ribello

domingo, 27 de abril de 2025

Secuestrando a tu propio jefe

El campo estaba totalmente verde. Había llovido mucho ese año. Los alrededores de la casa eran preciosos, sobre todo por las rosas de todos los colores que adornaban el recinto.

Los señores Brown nos habían invitado a cenar esa noche. Para entrar y salir de casa tenemos que pasar todos los días por delante de su casa.



Cuando pasamos esa mañana había un coche de policía parado delante de la puerta. Vimos a la señora Brown moviendo la cabeza de un lado para otro, suspirando y un tanto preocupada. No quisimos parar, por no entrometernos en el asunto.

Al parecer, nos enteramos después que el señor Brown, que era aficionado a la navegación, había tenido encerrado en su barco a su jefe durante veinte días, en represalia por el mal comportamiento que había estado teniendo con él durante el tiempo que estuvo trabajando en su empresa.

Todo a cambio de dinero. No llegó a cobrar el rescate. Por lo visto la policía lo descubrió mucho antes. Y su mujer, sin saber nada...

Teresa Ribello

domingo, 20 de abril de 2025

¿Por qué se creía que el tomate era venenoso?

En algunas zonas de Europa consideraron al tomate, traído de América, como alimento venenoso, y todo porque pertenecía a la familia de las solanáceas, las cuales incluyen plantas tóxicas, como por ejemplo, la mandrágora.

Y hoy en día es una planta esencial en nuestras cocinas. Muchas personas no pueden pasar sin ella.


Durante dos siglos fue considerada una planta venenosa, pero no porque lo fuera, sino por la desconfianza que provocaba en las personas. Era una planta con muy mala reputación. Reputación que llegó hasta los libros de escritores famosos, como John Gerard, el cual afirmaba en su libro The Herball que era una planta tóxica.

Pero la verdadera causa fue otra.

Y es que, durante la aristocracia de la época se usaban platos de estaño (aleación de plomo), que al contacto con la sustancia del tomate se producía una liberación de plomo, y al ser consumido se provocaba el envenenamiento de los comensales.


Teresa Ribello




domingo, 13 de abril de 2025

Excluida

 - Silvia, ¿te acuerdas cuando nos encontramos la última vez en el trabajo? -preguntó Rosa-.

- Sí, cuando me contaste todo lo que te ocurrió en el trabajo, con aquella compañera -dijo Silvia-.

- Pues ahora me ha ocurrido otra cosa -dijo Rosa-.


- Dime.

- He quedado excluida de la bolsa de trabajo -dijo Rosa-.

- ¿Qué me dices?

- Como te digo. Pero el fallo ha sido mío. Por lo visto no hice el autobaremo correctamente -dijo Rosa-.

- Pero, ¿cómo se te va a olvidar eso tan importante? -preguntó Silvia-.

- No sabía que había que hacer el autobaremo y tampoco se me informó de nada. Menuda racha llevo. Menos mal que me dirigí al sindicato y allí me pudieron ayudar. Introdujeron todos mis títulos y los enviaron al Registro Único. Dentro de dos o tres meses saldrá el listado definitivo de admitidos y excluidos, y ya veremos lo que pasa...-dijo Rosa-.

- Seguro que tienes suerte, Rosa -dijo Silvia-.

- En el sindicato fueron muy amables conmigo, me transmitieron mucho ánimo -dijo Rosa-.

- Sabes que te deseo lo mismo, amiga. Muy pronto te llamarán de nuevo -dijo Silvia-.


Teresa Ribello








Desde su ventana

En el jardín todo estaba en orden. Un orden magistral, por la cantidad de plantas calladas y enfiladas a lo largo de toda la verde explanada...