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sábado, 10 de septiembre de 2022

Calle Herradura

 Cuando iba a casa de mi madre algún fin de semana que otro, casi siempre le pedía que fuésemos a pasear por las calles de la ciudad. Una ciudad, que, para mí, parecía no tener defectos. Sentía una gran emoción cada vez que se acercaba el momento de ir a visitarla. Aquello sí que no tenía precio ni era intercambiable con otra cosa.




Somos tres hermanos. Dos hombres y yo, la única fémina de la familia. Nos vamos compartiendo los encuentros. Aunque a veces coincidimos unos hermanos con otros, ello conlleva unas largas tardes de disfrute y gozo por el hecho de vernos todos y compartir nuestras cosas.

Mientras pasábamos mi madre y yo por la calle Herradura, las campanas no cesaban de tañer, pero esta vez era un toque triste. Nos quedamos un poco extrañadas, pues no sabíamos quién habría podido fallecer, a pesar de que el barrio no era muy grande y nos conocíamos casi todos. Después pudimos recoger la información de una fuente cercana, mi tía Leonor, que vivía a tres manzanas de la casa de mi madre. Nos informó de la causa y desarrollo de los acontecimientos.

"Como sabeis, desgraciadamente, tenemos una organización mafiosa en el barrio. Uno de los cabecillas ha acuchillado a uno de sus componentes por traicionar uno de sus secretos. No ha sido ningún accidente, como se rumoreaba por ahí, no, ha sido un asesinato. No quiero ni pensar. Todavía no hay ningún culpable porque no se han encontrado pruebas suficientes. Nunca hay pruebas suficientes. Madre mía, adónde vamos a llegar..."

                                                                                                       Teresa Ribello.


domingo, 31 de julio de 2022

El eco de su voz parecía venir de lejos, al menos a mí me lo parecía, pero cuando me di cuenta, ya estaba cerca de mí. Era mi primo, que también cogía el autobús procedente de Madrid para Colmenar.

- Me parece que llego tarde al cumpleaños de Amelia -dijo mi primo-.


- ¿Hoy es el cumpleaños de mi prima? Vaya, es verdad. ¿Cómo está tu familia? He estado fuera tanto tiempo...

- No nos podemos quejar, salvo un pequeño accidente que tuvo mi padre hace algunos meses, que lo ha tenido en cama durante un tiempo, pero todo bien.

- ¿Conduciendo? -pregunté-.

- Sí, mientras se dirigía a la presentación del libro de mi hermana Amelia -dijo mi primo-.

- Cada vez tengo más respeto a la carretera. Muchas veces, según para qué cosas, trato de no usar el coche. Depende de la ruta que tenga que realizar.

Agarré la botella de agua que tenía en mi bolso y mientras bebía impulsivamente, por el calor que hacía, el agua fluía por mi camisa de lino blanco.

Según el panel de información de la parada, faltaban cinco minutos para la llegada del autobús.

- Parece que en esta parada hay poca sombra. Nos vamos a abrasar -dije, recolocándome el sombrero.

- Conviene que llegue ya el autobús...

                                                                                  Teresa Ribello.

sábado, 9 de julio de 2022

Escuchando las olas

En el piso de arriba se escuchaba buena música, por lo menos para Alexandra era buena música. 

Era compositora y percibía a la perfección cuándo una música era de calidad y cuándo no.

Aprendió muy pronto a componer. Era lo que más le gustaba en el mundo. Desde muy jovencita.

Lo intentó varias veces, pero su familia siempre le ponía alguna traba.

- Estudia cosas serias. Te vas a dar con un muro en las narices -le decía su padre.

No se hacía justicia con ella. Las explicaciones de su familia no le convencían.

Pero si solo quería escribir para otros artistas...

Cuando le pasaba todo esto, bajaba a la playa, respiraba hondo y lo único que quería era conectar con el mar, para escuchar sus olas.

Al fin pudo acabar con toda aquella contrariedad, aunque había acabado la carrera de Derecho. 

Empezó a probar suerte de la mano de un conocido de gran altura. Se fijó en su trabajo como autora y también como persona. Fueron una pareja estupenda durante dos años, hasta que David, que así se llamaba, tuvo que marchar a su país, Noruega, por motivos de trabajo. Ella, sin embargo, no pudo acompañarle...Tenía pendiente una intervención en los ojos.


Alexandra cargó con la basura para bajarla al contenedor. Se detuvo en el rellano.

-¡David!... ¿Eres tú el de la música del piso de arriba? -.

-Sí...sí...-contestó David, incrédulo-.

                                                                                                                       Teresa Ribello.


Desde su ventana

En el jardín todo estaba en orden. Un orden magistral, por la cantidad de plantas calladas y enfiladas a lo largo de toda la verde explanada...